viernes, diciembre 28, 2018

Al Ávila le canto y...

El Ávila!
 gigante verde vestido de
fluorescencias de verdes
 día a día desgajando su
gama como un arcoíris y
acostado al lado del mar
es guardería de vidas

Vista parcial de El Ávila
El Ávila… y desde
el banco le miro y
él  en su majestad
me mira… y nos miramos
¡cuántas cosas nos contamos!
ambos quedamos envueltos en su luz verde
que se desgrana hasta la tarde en azul y él
se anida en el espejo humedad de mis ojos
Ser!  masculino o femenino?
simplemente hermafrodita porque
gesta bella diversidad de su vida que
la resguarda bajo el cuido de su amor
pero imperceptible le veo estremecerse
como si secretos sentimientos le habitan
que le aceleran sus pulsos y su respirar y
enraizado en su tierra mira su cielo semejando
a un niño que juega a las escondidas entre los
pliegues del cielo azul o entre los “toboganes”
de sus nubes que juegan a cambiar sus formas

Y lo siento exhalando su espíritu de grandeza
que mana de sus serranías y habitantes
compartiéndolo con quienes le contemplan
y les pasean sus sendas y colinas ¡amándoles!
¡su mundo verde cantado por sus aguas y aves
se entrega al visitante que le explora su vida!
Inmensa su belleza que en cataratas cae hacia
el este al oeste al sur y azulándose hacia la tarde
llega al norte entregándose a dialogar con el mar
componiendo canciones con sus susurros cantores
para dárselas al viento y al mar como los carteros
que irán repartiéndolas a su gente caraqueña

Y estremécese su cuerpo verde en leves palpitaciones
por fuerzas vivas de sus entrañas que lo hacen vivir y
por doquier su verde se esparce en sepias en amarillos
pálidos naranjas y lilas hasta fundirse en leves azules
para acompañar alegre al crepúsculo del poniente sol
sumándose al gran musical  de cantares de sus aves

¡Qué sonoro movimiento mana la vitalidad de su vida
 y sinfonías y poemas como sangre corren por las
venas de su tierra verde y de sus cristalinas aguas
envueltos en la constante lluvia de rocío que fluye
de su permanente laboratorio de la fotosíntesis!

Pero ojos que miran le ven llorar
exhalando el zumo de su sufrir por
las cicatrices que motean su cuerpo
y cómo se siente la transpiración de
sus dolores y angustias cuando contempla
a la Caracas de la contaminación y de sus
basureros donde gente sacian su  hambre
otrora ciudad de los “techos rojos” cantada
en los sones nocturnales del maestro Billo y
en el verso de poetas y lienzos de pintores
 
Falda de El Ávila 
Ahora Caracas espacios de soledades mortales
donde niños vivos o muertos son abandonados
de muertos  rebasando estadísticas semanales
de “maternidad” más para morir que para nacer
pulular de humildes ávidos comiendo en basureros
niños desnutridos muriendo de hambre o por falta
de una medicina o la elemental atención médica
pero Caracas moderna embellecida por la mentira
del gobierno y la inacción de la llamada oposición
un gran espacio de existencia inhóspita agresiva
en verdad espejo empañado de toda Venezuela
¡e incrédulo la hermosa montaña El Ávila mira! 
Y desde mi banco mirador le oigo gemir!
dolido por las constantes agresiones desde
los trozos de sus paisajes de propiedad privada
del desordenado crecer violento de “su”  ciudad
como nido de contrastes en pobreza y opulencia
o de quiénes comercian sus flores para enriquecerse
o por paseos vehiculares que constante la contaminan
o quienes divirtiéndose queman el verdor de su bosque

¡Qué  quejidos siento que manan sus heridas!
y ahora sus guacamayas espantadas levantan vuelo
huyendo de esos saetazos para buscar otros hábitats
y si esto ocurre en las serranías de su cuerpo
entonces ¿cómo será la vida de sus pájaros
de sus aguas de sus mariposas y de sus ardillas?
¡extinción de sus vidas es un signo de su historia
ahora ahondada por esta permanente agresión!
Y hoy Caracas y su cerro  El Ávila “viven”
bajo una encrespada y sistemáticas violencias
que le han configurado un hacer  de agresiones
con el que diariamente resuelven su cotidiana vida
un  latente dolor como puñal clavado en el costado
síntesis dolor que abre en llanto en toda Venezuela
siglo XXI de violencias continuación de anteriores
ahora en “revolución socialista” destruyéndole
su existencia presente y nublándole su futuro
¿habrá apertura de otro tiempo de verdadera vida
donde no tenga cabida el dolor gestando llanto?

Flores sobre mi ciudad/César Rengifo
Y ¿podrá ser posible que las huellas de
los visitantes y de los que contemplan
incursionando  su pecho verde regazo
sean las siembras de flores alegrías
como una permanente primavera? 
Y muere la tarde…
sobre su cima se anuncia la noche y
solo el banco oyendo su diálogo con el mar
¡soliloquios susurrantes de brisas marinas!
mientras la mirada va serpenteando el horizonte
abriendo un crepúsculo esperanza en gama azul
Ediciones jaced